Vacunas y autismo

Hay pruebas claras de que la vacuna triple vírica contra el sarampión, las paperas y la rubéola (TV) no produce autismo. El autismo, un trastorno grave del desarrollo que ocasiona problemas en la comunicación, la interacción social y la conducta, ha ido en aumento desde la década de 1970 y, según algunas estimaciones, afecta actualmente a uno de cada 160 niños en los Estados Unidos. Nadie conoce la causa de este trastorno ni por qué su incidencia está aumentando cada vez más, por lo cual es comprensible que los padres estén alarmados.

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La mayoría de los especialistas piensa que el autismo puede ser, al menos en parte, genético, y señalan que no hay posibilidades de que una vacuna lo desencadene. Después de todo, no hay ninguna vinculación conocida entre el sarampión, las paperas o la rubéola, y el autismo.

Carece de sentido que una vacuna sea la causa de un trastorno que la enfermedad, por sí misma, no produce, dado que una vacuna es esencialmente una infección pero sin síntomas.

Resulta también importante señalar que la vacuna triple vírica nunca contuvo timerosal, el conservante a base de mercurio que alguna gente cree que puede estar vinculado con el autismo. (El timerosal ha sido ahora retirado de todas las vacunas para niños con excepción de la vacuna contra la gripe, así que ya no es una preocupación.) En Estados Unidos, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades continúan sus estudios en esta área para tratar de poner punto final a la cuestión.

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