Una fábrica de vida

Antes del embarazo, los pechos están compuestos en gran medida por una combinación de tejidos de apoyo, glándulas mamarias y grasa protectora. De hecho, ahora los pechos, mas sensibles e hinchados, llevan preparándose para el embarazo desde que eras un embrión de 6 semanas en el útero de tu propia madre.

Para cuando el bebé nace, los tejidos glandulares han remplazado a la mayor parte de las células grasas, que son responsables del aumento del tamaño de tus pechos.

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Integrada entre las células grasas y el tejido glandular hay una intrincada red de canales llamados conductos galactóforos o conductos mamarios. Las hormonas del embarazo hacen que estos conductos se multipliquen en número y tamaño. Luego, los conductos se bifurcan y dividen en canales más pequeños en torno al pecho llamados conductillos. Al extremo de cada uno de ellos hay un racimo de pequeños sacos, parecidos a uvas, llamados alvéolos. Un racimo de alvéolos forma un lobulillo. Y un racimo de lobulillos se denomina lóbulo. Cada seno contiene entre 15 y 20 lóbulos, con un conducto mamario por cada uno de ellos.

La leche se produce dentro de los alvéolos, los cuales están rodeados de músculos diminutos que exprimen las glándulas y empujan la leche hacia los conductillos. Esos conductillos apuntan a un conducto mayor que se va agrandando hasta formar los senos lactíferos que se encuentra directamente debajo de la areola. Éstos son como una especie de represa que contiene la leche hasta que tu bebé la succiona a través de las aberturas minúsculas que tiene el pezón.

El sistema de canales mamarios acaba por desarrollarse plenamente durante el segundo trimestre, de modo que puedes dar el pecho a tu bebé incluso si éste llega antes de tiempo.

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