Tran-qui-li-dad

Una sensación que me acompaña en el embarazo es la de placidez. Los días pasan con tranquilidad, como si todos los problemas se hubieran detenido. Lo que realmente ocurre es que han pasado a un segundo plano, porque ahora lo más importante no es lo que ocurre a mi alrededor sino lo que ocurre dentro de mí. Doy menos importancia a lo que antes me hubiera supuesto un disgusto y procuro tomarme a la ligera cosas que antes tenían más peso para mí. Estoy muy concienciada de que todo lo que yo sienta se lo transmito al bebé. No sé si será cierto, pero vale la pena intentarlo. Así, de paso, me tranquilizo y me tomo la vida con otra filosofía.

Estoy procurando no hacer planes de más de una recado por día, de manera que no tenga que andar estresada y corriendo. ¡Qué maravilla! Disfruto mucho más de las cosas porque tengo tiempo de saborearlas. Ir andando hasta la tintorería se convierte en un relajado paseo durante el que me fijo en los niños y niñas que veo por la calle, me tomo una manzanilla en una terracita…

Espero que esto se note en el bebé y que sea tranquilito. Mi madre siempre recuerda que se sacó el carné de conducir embarazada de mi hermano y que ella cree que de los nervios que pasó, es por eso que mi hermano es tan nervioso. A lo mejor es casualidad, pero conozco alguna que estaba tan agobiadísima y angustiada con su embarazo y sus miles de síntomas que menudo niño llorón que le ha salido. Puede que nada tenga que ver, pero seguro que el bebé nota nuestro estado de ánimo y transmitirle tranquilidad es un magnífico regalo que le podemos hacer y además es para toda la vida.

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