Sus primeras enfermedades

En un primer momento, no es común que los bebés enfermen, aunque pueden padecer cólicos o alguna afección en la piel. No es hasta el cuarto mes cuando el bebé entra en contacto con los objetos: los agarra, los chupa, los tira…A partir de ahí, estará más expuesto a gérmenes y bacterias y puede empezar a tener algunas enfermedades.

Si, además, tenemos más niños o niñas en casa, seguramente el bebé irá pasando todo lo que pase el o la mayor. Poco a poco irá construyendo su propio sistema de defensas aunque en la mayoría de los casos, este sistema ya está preparado para responder a gran cantidad de agentes infecciosos Por eso, muchos trastornos desaparecerán si tratamiento.

Para mayor seguridad, al bebé se le protege con vacunes programadas desde que nace y que le protegerán de casi todas las enfermedades graves.

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Otro foco de conflicto son las guarderías. Cuando el bebé tiene que quedarse en ellas desde pequeño debemos tomar algunas medidas. Por ejemplo, que no haya excesivo hacinamiento de niños porque puede favorecer la transmisión de enfermedades. También, que la proporción de personal cuidador por bebé sea la adecuada. Aun así, esto no nos asegura que no se contagien entre ellos y ellas.

No siempre es fácil detectar cuándo nuestro hijo o hija está enferma, pero hay algunas señales que pueden darnos una pista. Un bebé lánguido, pálido u ojeroso, irritable, llorón y sin apetito nos pueden indicar que está enfermo o incubando alguna enfermedad. Los vómitos, diarreas o pérdidas repentinas de peso son síntomas inequívocos.

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