Si pega y muerde en el cole…

La agresividad infantil suele comenzar a manifestarse después del primer año de vida. Ciertas dosis de agresividad son normales puesto que el niño o la niña todavía se guía por sus instintos. Además, son egocéntricos y les cuesta tener en cuenta a los demás. Por eso reaccionan de modo violento cuando se sienten frustrados.

Los padres y las madres debemos enseñarles a controlar esas conductas agresivas con paciencia, tiempo y perseverancia.

Hay varias situaciones en el que el niño o la niña puede utilizar la violencia. Una de ellas es cuando pega por diversión. Por ejemplo, le tenemos en brazos y nos muerde o nos tira del pelo y se ríe. No hay que darle demasiada importancia, aunque sí ponernos serios y serias. Inmediatamente les diremos que eso no se hace y retiraremos la atención momentáneamente. Es conveniente actuar de la misma forma cuando actúe así y que todas las personas adultas se comporten igual.

Si muerde a otros niños y niñas o a las personas adultas, debemos actuar de la misma manera. Decirle no, que eso no se hace y dejar de prestarle atención durante un periodo de tiempo. Si nos exaltamos y nos enfadamos, podemos fomentar su agresividad. Tampoco es conveniente darle golpecitos en la boca y incluso devolverle el mordisco para que vea que duele.

Es muy importante enseñarles a dominar sus impulsos. Para ello, lo mejor es predicar con el ejemplo y actuar siempre con calma, sin responder con agresividad. Debemos comprender que no nacen sabiendo cómo controlar sus impulsos.

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