¿Rechaza los mimos?

Todas las personas necesitamos sentir el afecto de los y las demás. Pero para sentirnos queridos y queridas no siempre es necesario el contacto físico real, sino que cualquier otro gesto que implique reconocimiento puede tener el mismo valor que las caricias. Esto también sucede con los y las menores.

Nada más nacer, el bebé tiene necesidad de caricias. Los abrazos y los mimos le proporcionan seguridad y amor. Su piel es el nexo de unión con el resto del mundo y necesita de ese contacto físico para crecer y desarrollarse emocionalmente.

A medida que crece, el niño o la niña no siempre recibe con agrado los mimos o las caricias. Comienza a ser autónomo y es su manera de demostrar que ya no necesita la protección continua de las personas adultas. Seguirá buscando besos y abrazos en numerosas ocasiones, pero le gusta decidir cómo y cuándo.

Por eso, debemos respetar sus deseos e intentar entender qué nos quiere decir. Si aparta la cabeza ante un beso puede reflejar malestar emocional o puede avergonzarse de este afecto en público. L aparte positiva es que se sienten independientes y no debemos invadirles con nuestro contacto físico.

No obstante, esto no quiere decir que no necesiten nuestro amor o nuestro cariño. Las caricias pueden ser suplidas por elogios, una sonrisa o algo de tiempo compartido. Cada etapa de desarrollo necesita de un tipo de amor diferente.

Por eso, debemos ser comprensivos y comprensivas con sus cambios de actitud y saber adaptarnos a ellos. No suele funcionar el chantaje emocional para recibir amor a cambio de obediencia.

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