Qué hacer ante una rabieta

Alrededor de los “terribles dos años,” nuestro niño comienza una etapa en donde querrá establecer un poco de independencia, buscando métodos de hacer las cosas “ a su manera.” Es allí donde aparecen las tan famosas “rabietas.”

El pequeño las usa para conseguir lo que quiere manipulando al adulto. El ya sabe que los padres lo tomarán en sus brazos si llora o que le miman si se lastima, por lo que tienden a copiar conductas que eran normales en meses o años anteriores.

Las rabietas comienzan con llantos, gritos, para luego lanzarse al suelo golpeando el piso con las  manos y pies e incluso lanzando objetos como forma de llamar nuestra atención. Como padres, si cedemos ante la rabieta, le estamos enseñando que con comportamientos negativos puede conseguir lo que quiere.

Lo primero es no mostrarnos enojados pero tampoco alzarlos o mimarlos. Simplemente observémonos y si el chico aumenta su rabieta, salgamos de la habitación observándolo desde afuera, sin que él se de cuenta.

A los dos años ya pueden entender lo que les decimos y comienzan a buscar la manera que les entendamos. Hablar de forma suave, en un tono de voz normal y tranquilo preguntándoles qué es lo que buscan, o qué necesitan, pueden llamar su atención. Expliquémosles que gritando no podemos entender que quieren y que así no pueden ayudarles.

El iniciar una actividad nueva mientras el chico aún está en medio de su rabieta les puede distraer y hacerles olvidar porque estaban tan enojados, queriendo integrarse con la condición de hacerlo calmados.

Si nos mantenemos firmes y ayudamos a nuestro hijo a encausar su energía y ganas de desarrollarse como un ser algo más independiente de forma positiva, el pequeño podrá vivir esa hermosa etapa como un momento que le ayude en su desarrollo, aprendiendo lecciones que le servirán en esos avances que aparecen casi todos los días.

Es importante que distingamos si la rabieta viene cerca de la hora de la siesta, comidas o ir a la cama, ya que el niño puede estar tratando de mostrar que está cansado o hambriento sin saber como hacerse entender de otra manera. Ofrecerles su comida o bajar las luces e incentivar un ambiente tranquilo para el sueño, puede ser lo que se necesite para terminar con esa rabieta.

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