¿Por qué mienten?

Llegados a una edad, los niños y las niñas tienden a mentir. Básicamente, lo hacen por las mismas razones que lo hacen las personas adultas. Aunque no hay que pasar ninguna de ellas, está claro que no todas las mentiras tienen la misma gravedad. Y tampoco es lo mismo una mentirijilla esporádica que algo habitual.

Para ellos y ellas, la mentira es un modo de evitar un castigo, de no pasar vergüenza por algo que han hecho, llamar la atención, presumir, sentirse fuerte, dañar a alguien…Como decíamos antes, las mismas razones que tienen las personas adultas. Si escarbamos un poco cuando mienten de manera sistemática, es frecuente que se descubran frustraciones, conflictos… Una comunicación fluida y una buena relación familiar son fundamentales para evitar las mentiras. También, enseñar valores como la sinceridad.

Una de las modalidades más grave de mentiras es la ‘pseudología fantástica’, donde se mezcla realidad y ficción para reemplazar el mundo que le rodea y que le disgusta. También, las que impliquen a terceras personas.

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Para paliar este comportamiento, es básico el compromiso familiar. En primer lugar, las personas adultas deben dar ejemplo y no mentir delante de niños y niñas. Ya se sabe que actúan por imitación.

También debemos analizar con el niño o la niña los motivos y repercusiones de sus mentiras, al tiempo que se le muestra el comportamiento correcto.

Debemos apostar por un ambiente de confianza donde fluya la comunicación.

Y por último, hay que evitar el autoritarismo y las reacciones desproporcionadas.

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