¿Por qué mienten?

La mentira en los niños y niñas , en cuanto expresión contraria a lo que se sabe, cree o piensa, puede orientarse a metas diversas: evitar una sanción, alejar la vergüenza derivada de una situación desagradable, llamar la atención, presumir, obtener un beneficio, mantener la intimidad, sentirse fuerte, dañar a alguien, proteger a otras personas, etc.

En general, los motivos que conducen a los niños a mentir son los mismos que encontramos en los adultos. Cuando los niños mienten de manera habitual, no es extraño que, si se escarba un poco, se descubran frustraciones, conflictos, situaciones nocivas, etc.

En torno a los cuatro años los niños están en condiciones de mentir deliberadamente. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que no siempre es tarea sencilla deslindar la mentira de lo que no lo es. Es casi seguro que lo que a veces denominamos mentira es mera fantasía y viceversa. Entre los tres y los seis años aproximadamente los niños disfrutan con el libre vuelo de su imaginación, que les permite “modificar” la realidad con arreglo a sus deseos.

No todas las mentiras tienen la misma entidad. Aunque, en general, no hay que mostrarse complacidos con ninguna mentira, las que reclaman especial atención son las mentiras frecuentes y las graves. Las mentiras constantes, ya obedezcan a una “propensión”, ya a un ambiente inapropiado, si no se erradican, tienden a configurar un hábito negativo. Por su parte, las mentiras “gordas” destinadas a conseguir favores o a evitar obligaciones, sin que se repare en el daño generado a uno mismo o a los demás, pueden situarnos ante un patrón de conducta antisocial.

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