Pobres futuros padres

Por lo que dicen es cosa de las hormonas, pero el caso es que yo durante el embarazo estoy super sensible. Enseguida me dan ganas de llorar. Cómo las articulaciones se van relajando para facilitar el parto, me tropiezo mucho, incluso me he caído dos veces. Y cuando me caigo, como las niñas pequeñas, me pongo a llorar. Corriendo cojo el móvil y le llamo a mi marido y aprovechando que tengo audiencia me regocijo en mi llanto y aprovecho para deprimirme porque no sé si voy a ser buena madre. El pobre hombre me anima diciendo que lo voy a hacer muy bien, que no me preocupe, que a la tarde nos vemos y me va a dar crema en la barriga.

La verdad es que ¡qué bien se queda una cuando puede dar rienda suelta a las consecuencias de esas revoluciones hormonales! Lo malo es que no todos los hombres saben estar a la altura. Básicamente porque los hombres interpretan el llanto de la mujer como una petición de ayuda, cuando la mayoría de las veces sólo queremos desahogarnos y que nos escuchen. Cómo creen que queremos que nos solucionen algo y no saben ni de qué se trata, se cabrean porque se sienten impotentes y eso no ayuda mucho.

En algunas clases de preparación al parto pueden participar los futuros padres. En las que yo iba sólo había un día para ellos, lo que es bastante escaso, pero es más que nada. La matrona les insistía mucho en este tipo de cosas para que no se agobiaran. Así están preparados para los cambios de humor y no se sienten responsables. De todas maneras, cómo me dijo una amiga, “relájate, lo vas a hacer mal ¿o hay alguien que no se queje de su madre?”.

Deja un comentario