Salud dental en los bebés

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Todas sabemos que el dentista es sinónimo de miedo para casi todos los niños. Por ello es importante inculcar una buena salud dental en nuestros pequeños, incluso antes de la salida del primer diente, de manera de que el las visitas al dentista sólo se conviertan en una revisación de rutina.

Después de amantar al bebé, hay que limpiar suavemente sus encías con un poco de agua. Cuando el pequeño ya tiene dos dientes se debe comenzar con el cepillado. Esté debe realizarse con agua caliente y con un cepillo muy suave, no se debe usar dentífrico. A partir del primer año se puede introducir el uso de la pasta dental. Es importante utilizar una elaboradas extremadamente moderadas, nunca más de del tamaño de una lenteja. Es también al año de edad cuando se realiza la primera visita al especialista dental.

A pesar de su edad, debe explicársele al pequeño porque se le realiza el cepillado y la importancia de la higiene dental. De ser posible, debe participar en el proceso, ya sea moviendo un poco el cepillo, o botando el agua.

Miedo a los y las médicos

La sensación de inseguridad ante una situación desconocida, el contacto con personas extrañas que invaden su espacio vital y unos procedimientos que en algunos casos son dolorosos y que en otros incluso requieren que se separe de su madre (hospitalizaciones, radiografías, etc.) son los ingredientes de un cóctel que, mezclado con su gran imaginación, contribuye a que el niño perciba el ámbito médico como una amenaza a su bienestar.

El miedo a los médicos y hospitales es evolutivamente comprensible y frecuente en los niños de corta edad, sobre todo alrededor de los 5-6 años, pero de él no están exentos ni adolescentes ni muchos adultos.

Muchos padres, con su mejor intención, con tal de ahorrarle un berrinche, llevan al niño al médico “engañado”. Puede que esté ajeno a la situación hasta el momento de entrar en la consulta, pero esta forma de actuar no le ayuda a vencer su miedo, solamente le confunde, hace que se sienta traicionado, le provoca desconfianza hacia el adulto y puede crearle ansiedad cuando, en el futuro, vaya a otros lugares.

Es conveniente que se le explique el motivo de la consulta (revisiones, pruebas médicas u hospitalizaciones), el procedimiento que se seguirá, quién lo llevará a cabo, qué instrumental utilizará, si va a ser doloroso o incómodo y si va a necesitar un tiempo de convalecencia. Proporcionarle información permitirá que el niño se prepare, incluso se pueden conseguir actitudes cooperativas, como, por ejemplo, sujetar el instrumental.

Comer por dos

Un de las cosas que más me gusta de estar embarazada es que los escotes me quedan de muerte. Cómo tengo poco pecho, me viene muy bien para lucir una o dos tallas más de sujetador. A lo mejor es por eso que he querido ayudar a redondearme y además de la tripa y los pechos, toda yo me he puesto como una bola. Ayyyy, luego ya no vale arrepentirse. Con eso de que no se me va a notar porque estoy embarazada, bollo por aquí, chocolate por allá y cada vez que toca visita con la matrona me pone la pilas.

Durante los nueve meses de embarazo se debe engordar entre 9 y 12 kilos. Ya no sirven las recomendaciones de madres y abuelas de que hay que comer por dos. Si comes por dos, el ginecólogo se encarga de cortarte. Enseguida me marcan la casilla del peso con un rotulador rojo y una vez que pasé los 12 kilos tuve que ir a una dietista.

Hacer dieta durante el embarazo o la lactancia está prohibidísimo, pero no llevar una alimentación sana. De manera que la dietista te puede poner unas pautas de alimentación para que no te falte nada, pero para ralentizar ese ritmo de engorde. Yo al principio las cumplí a rajatabla y no cogí nada de peso durante un mes. Pero me emocioné y volví a las andadas. Al final 18 kilos. A partir de 15 kilos, lo clasifican como parto de riesgo.

Teniendo en cuenta que la lactancia me da hambre, ya sé lo que toca. Cuando le quite el pecho al bebés a volver a la dietista. ¡Pero está vez sí que voy a para hambre!

Educar para el amor

La sexualidad es parte integrante del desarrollo  de la personalidad y de su proceso educativo .Tiene que ver con la forma de ser, de sentir, de vivir el amor humano. Tanto en el plano biológico como el psicológico, cultural y moral, es donde se ven las características propias de los varones y las mujeres.

Podemos asegurar que si se trata de Dignidad Humana ambos son iguales, quizás no tanto para entenderse, pero sí para complementarse el uno con el otro de manera recíproca.

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El encontrarse con el otro, conocerlo y comprometerse con su realidad, con su vida, le da una dimensión afectiva para alcanzar el gozo de estar juntos y así poder con mayor entrega y donación de si mismo, transmitir vida. 
 
 Deberíamos transmitir a nuestros adolescentes que el amor y la fecundidad son valores. Valores para un mundo actual, no pasado, sino posible donde la sexualidad es riqueza, compartir todo.
 
 
La educación de la sexualidad implica una visión profunda del ser humano y un camino moral amplio y teniendo en cuenta qué es el hombre como persona. No tiene que ver solamente con aspectos  sanitarios, técnicos y científicos.
La sexualidad orientada,  integrada por el amor, tiene calidad humana. El amor deriva en una comunión amorosa y fecunda.

 

Enseñando la importancia de la higiene a los niños

Cuando les damos un baño a los chicos, simplemente les decimos que es para limpiarlos, por lo que ellos sólo sentirán la necesidad de lavar sus manos o alguna superficie si es que la ve cubierta por suciedad. Es necesario que sepan que la higiene va mucho más allá de lo que se ve.

Después de los dos años de edad, y cuando los niños comienzan a ir al baño solos, el habito de lavadoManos lavarse las manos luego de hacerlo debemos formarlo mediante el ejemplo. La existencia de los gérmenes y bacterias es un tema que se debe explicar, pero sin asustar a los chicos.

Lo mejor es hacerlo con ejemplos simples y usando términos que los niños pequeños entiendan. Las palabras enfermedad, suciedad o peligro pueden asustarles e incluso hacer que se obsesionen con lavarse constantemente. Lo ideal es mostrarles como nosotros lo hacemos y cuando.

Si vamos a cocinar, invitemos a los niños a ayudarnos, lavándonos juntos las manos primero. Lo mismo antes de comer, después de ir al baño, etc., de manera que lo tomen como un hábito. Cuando somos obsesivos con la higiene de los chicos, por ejemplo limpiándolos de inmediato si es que tocan algo de tierra o acarician al perro de la familia, logrará formar pequeño fóbicos a los gérmenes, viendo elementos peligrosos en cualquier lado. Lo mejor es decirles que después de un rato de juego afuera, es mejor lavarse las manos antes de pasar a la próxima actividad.

Poco a poco, los niños tomaran la costumbre de lavarse cuando es necesario, comprendiendo su importancia de manera sana, integrándola a su vida diaria, sin que sea un tema que les asuste o provoque ansiedades.

Imagen: Ozakidetza

Juguetes, juegos…

Los niños de hoy en día, cuando son pequeños, tienen miles de juguetes con los que, al cabo de un tiempo, no saben qué hacer con él porque tienen tantos que no saben si quiera con cuáles jugar, o qué es lo que más les gusta y qué lo que menos. Supongo que el hecho de que tengan demasiados juguetes no ayuda en su decisión.

Pero, al menos en las guarderías, y si tenéis una maestra que se preocupe, podréis daros cuenta de que no siempre los juguetes es lo mejor para divertir a los niños. Los juegos tradicionales son mucho mejores que los juegos de hoy en día porque les enseñan cosas y les divierten mucho más que los juguetes de ahora. Un ejemplo, el juego de los dedos, cada uno de los dedos ha hecho una cosa:

Este dedito quiso un huevo (dedo pequeño)

Este dedito fue a buscarlo (dedo anular)

Este dedito lo frió (dedo corazón)

Este dedito le echó la sal (dedo índice)

Y este gordito, gordito….

¡Se lo comió! (y nos comemos el dedo gordo del niño)

A los niños les encanta ese juego porque es como si le estuvieras contando un cuento con su propia mano y, de hecho, después se lo hacen a los otros niños que llegan de manera que, además de tener entretenidos a los niños, sabes que han aprendido algo, porque han visto que seguir una secuencia de acciones tiene sentido.

Hay muchos juegos que estamos olvidado, quizás como respuesta a ese "trabajar" en el que vivimos (si a eso se le llama vivir) y pensamos que, como tenemos poco tiempo para disfrutar de nuestros hijos, pues con un regalo ya lo tenemos solucionado, como si comprásemos el cariño de los niños mediante juguetes pero que, a la larga, hace que los niños no valoren lo que tienen ni tampoco lo que cuesta conseguirlo.