Padres y madres demasiado críticos

Muchos padres y madres pretenden que sus hijos sean perfectos y creen que una manera de conseguirlo es recordarles constantemente sus fallos. Pero así solo se consigue que muchas veces los hijos e hijas se sientan atacados por la persona de la que más admiración esperan.

Los padres y madres críticos no saben que el reproche continuo acaba reforzando el mal comportamiento que pretenden corregir en sus hijos. Criticar significa juzgar, censurar o condenar, y los niños acaban poniéndose a la defensiva y respondiendo con hostilidad y desconfianza. Más que animarlos a cambiar, la crítica puede quitarles ilusión para intentar algo nuevo, restarles motivación y reforzar sus sentimientos negativos. Los hijos pensarán que es mucho más seguro no intentar algo que acabará en fracaso; asumirán la crítica y harán suyos pensamientos como “nunca lo entenderé, no aprenderé, no lo conseguiré…”.

Lo mejor es centrarnos en la situación y no en ellos. Para que no vivan nuestro comentario como un ataque personal, es más eficaz explicar al niño o niña la situación (“si gritas, molestas a los demás”) que regañarle con expresiones personalizadas (“¡qué gritón eres!” o “¿no te das cuenta de que estás molestando?”).
Optar por expresiones que motiven y no critiquen. En lugar de decirle “si me hubieras hecho caso…”, es más útil una frase que reconozca su capacidad para cambiar, como “sé que no es fácil, me doy cuenta de que te esfuerzas”.
Dejar que el niño o niña sufra las consecuencias de su comportamiento poco deseable como alternativa a las críticas.

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