Padres y madres, centro de su universo

A partir de los 5-6 meses se refuerzan los lazos afectivos entre padres, madres e hijos. El bebé se cansa y se aburre de los objetos enseguida, nunca de la atención y los mimos de sus padres.

Los padres y madres actúan como intermediarios entre el mundo propio del bebé y la vida social en donde vive la familia. Paulatinamente le abren puertas a relaciones y realidades distintas.

El bebé necesita seguridad, no sólo en cuanto a seguridad física (ausencia de riesgos, evitar accidentes, cuidar la salud), sino también en el aspecto afectivo.

La seguridad afectiva permite al bebé desarrollar las bases de su autoestima. Saberse y sentirse querido por sus padres le proporcionará una confianza en las personas, gracias a la cual, podrá establecer nuevos vínculos con amigos, maestros…

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Los padres y madres pueden conseguir que su bebé se sienta seguro de un modo muy sencillo: con el contacto diario. Los abrazos, caricias y juegos en común proporcionan placer a toda la familia. Atenderle rápidamente cuando llora reafirma esa seguridad (atenderle no quiere decir darle todos los caprichos, sino consolarle, escucharle).

Los padres deben adaptarse a las necesidades especiales de su bebé, y éstas dependen en gran medida de su temperamento. Por ejemplo, en el caso de un bebé nervioso, los padres deben derrochar paciencia y tratar de distraerlo con juegos. Un bebé callado y retraído necesitará más contacto y estímulo de los padres. Casi todos los bebés se adaptan mal a los cambios, por lo que se debe procurar introducir cualquier cambio de forma paulatina.

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