Nuevos horizontes alimenticios

Entre los 5 y los 7 meses el bebé duplica el peso que tenía al nacer. El niño comienza a mantenerse sentado e intenta tocar con las manos todo lo que lo rodea. Ha alcanzado en parte su madurez digestiva: es capaz de descubrir poco a poco nuevas “sensaciones alimenticias”. Solo hay una regla de oro: no tener prisa.
Durante sus primeros seis meses de vida, al bebé le basta con una alimentación basada en la leche. Para evitar problemas de alergias, que en la actualidad afectan al 15 ó 20% de la población, se desaconseja una diversificación nutritiva demasiado precoz.

La diversificación de la alimentación comienza por la introducción de harinas sin glúten, luego fruta como complemento de la leche, luego hortalizas y prosigue con la incorporación de la carne.

El periodo comprendido entre los 5 y los 7 meses es el de la introducción de las verduras, empezando por las de sabor ligeramente azucarado, como las zanahorias o los puerros. No conviene mezclar diferentes hortalizas a la vez para poder detectar más fácilmente, si se diera el caso, el alimento al que el niño puede ser alérgico. Enseguida se puede comenzar con la carne, más adelante con el pescado y después, con los huevos.

En el caso de niños con padres alérgicos, conviene retrasar la incorporación de alimentos como los huevos, el pescado, las frutas exóticas o los frutos secos (cacahuetes, nueces, etc.) y sus derivados hasta que el bebé cumpla el año y, si es posible, hasta los dos.
Si no tienes suficiente tiempo para cocinar, puedes recurrir a los potitos, irreprochables desde el punto de vista nutricional.

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