No sobornemos a nuestros niños

 

Cuántas veces les hemos dicho a los chicos que si mejoraban sus calificaciones les íbamos a comprar un determinado juguete, o si comían toda la cena podían quedarse hasta más tarde. Puede sonar algo inocente, pero de cierta manera les estamos enseñando que para que realicen una acción considerada correcta y esperada tienen que ser recompensados con algo extra y fuera de lo común.

Si el niño no está cumpliendo con sus obligaciones, nuestro deber es reprenderlo, sin hacerlo sentir mal, y explicarle que debe mejorar su actitud. Si intentamos que cumpla a través de regalos que no merece, sólo lo volvemos un ser materialista y con metas poco claras.

Existe una diferencia entre soborno y premio. Si vemos que nuestro hijo realizo un verdadero esfuerzo, no está mal premiarlo, pero si el esfuerzo fue estimulado por una promesa material, no es un esfuerzo verdadero, sino una manipulación. De ahí en adelante, el niño sólo va a hacer lo que se le pide, si existe un estímulo interesante de por medio.

Existen maneras más sanas de ayudar a nuestros hijos. Pasar más tiempo con ellos, ayudarles con sus deberes, acompañarles a las horas de las comidas, e incluso comer con ellos. Dar el ejemplo es la mejor manera de estimular.

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