No asustemos a los niños

 

viejo del saco

 

Hace unos días me encontraba en el jardín de casa con Nicolás de dos años y su abuela. Nico se sentó en suelo que estaba con polvo, de inmediato su abuela le dijo que se levante porque iban a venir las arañas a morderle.

Al día siguiente, estaba sola con el niño en el jardín y el pequeño veía arañas por todos lados, incluso estaba atemorizado con las hormigas. Su abuela, en el intento de que Nico se levantara del suele y no se ensucie, terminó infringiéndole un miedo continuo que le tenía viendo arañas donde no las habían.

Le explique que no debía temerles a las arañas y hormigas, puesto que eran más pequeñas que él. Ellas debían temerle, porque él es más grande. La explicación satisfago a Nicolás y por suerte pude reparar el daño causado.

Existen miles de formas de corregir una conducta sin tener que recurrir a artimañas anticuadas y dañinas. Las historias del hombre de la bolsa que se lleva a los chicos que no se comen su cena, monstruos que se comen a los que no obedecen, y cientos de disparates, son pan de cada día en la educación de mucho niños, que terminan sufriendo de terrores innecesarios.

De pequeños, a mi hermano y a mi nos dijeron que si nos portábamos mal, nos iba a llevar el camión recolector. Cada vez que escuchábamos que venía, el pánico aparecía y corríamos a escondernos. Estábamos realmente asustados.

Muchos de esos miedos pueden traspasar la infancia y llegar a convertirse en fobias en la adolescencia y adultez. Si explicamos las cosas con paciencia y honestidad, los pequeños van a entender. Sólo hay que darles tiempo.

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