Niños y niñas temperamentales

Se dice que un niño es temperamental cuando fluctúa con facilidad de estado anímico y predominan en él reacciones ancladas en su naturaleza o constitución. Es el caso de menores, sobre todo varones, particularmente impulsivos, irritables, inestables emocionalmente, etc.

El temperamento es la predisposición a actuar de una forma u otra. Depende de la genética y modula la actividad, la reactividad y la emotividad.
Ya desde la cuna se observa a bebés más inquietos que otros, que responden con rapidez a los estímulos y que presentan más oscilaciones emocionales. El temperamento es difícil de cambiar a lo largo de la vida, de ahí que se haya popularizado lo de «genio y figura hasta la sepultura».

Cuando se acerca el foco de análisis a este tipo de situaciones, no es extraño descubrir en los padres un patrón educativo inapropiado, incluso con bebés, presidido por reacciones de tonalidad ansiosa, precipitada, sobreprotectora o despegada, etc., lo que no hace sino dañar la relación con el niño y abonar el terreno a las alteraciones conductuales del hijo hija. Pese a su vulnerabilidad, es cierto que no todos los menores considerados «difíciles» presentan problemas especiales, como tampoco todos los niños «fáciles» están exentos de complicaciones conductuales.

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