Niños y niñas solidarios

El niño o la niña no es, en principio, altruista. Antes de que surja en ellos el sentimiento de solidaridad, tiene que aparecer la idea de sí mismo distinto del otro.
Cuando ya ha adquirido la idea del yo, se puede poner en el lugar del otro y sentir de modo congruente la situación del otro, es decir, va a poder ser empático.
Hacia los dos, tres años, el niño o niña adquiere un sentido rudimentario de los otros como personas con estados internos (pensamientos, percepciones, sentimientos…), independientes de los suyos.

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Los niños y niñas ya a los dos años poseen conciencia y sentimientos morales. Presentan respuestas empáticas frente al sufrimiento de otros, conductas prosociales como compartir, ayudar, proteger, etc. y tienen conciencia de las normas. Es a través de su propio desarrollo cognitivo y de la interacción social como desarrollan, además de valores instrumentales (ser capaz, curioso, imaginativo) valores morales (ser honesto y responsable) y sociales (paz, igualdad, justicia).

Para que un valor sea transmitido eficazmente al niño o niña, éste lo tiene que interiorizar, y esto es posible si los padres se muestran como modelos a imitar, si le proporcionan pautas para el desarrollo de ese valor en la vida cotidiana y si se le permite opinar.

Para que los valores familiares sean transmitidos eficazmente, deben ser conocidos, comprendidos y asumidos por los hijos e hijas. Para ello, los padres y madres tienen que comunicarlos con claridad y coherencia y conectar con sus necesidades básicas.

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