Niños y niñas respondones

La forma que tienen los niños y niñas de manifestar sus sentimientos de rebeldía es diferente en cada edad. Cuando son bebés terminan por adaptarse a nuestras costumbres y exigencias, pero cuando son un poco más mayores las cosas cambian.

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Son varias las causas que provocan situaciones no demasiado favorables para el equilibrio psicológico y emocional de nuestro hijo o hija. A veces el nacimiento de un nuevo hermano desencadena sentimientos de celos y de envidia, o la separación de los padres provoca un sentimiento de inseguridad debido a la necesidad de cariño o protección. En ambas ocasiones, sus respuestas pueden ser inapropiadas e incluso agresivas, ya que necesita defenderse.

Cuando respondan de malas maneras, nos mantendremos al margen y no corresponderemos con enfado al enfado de nuestros hijos e hijas.

También les recordaremos que nos preocupamos por ellos y que ese comportamiento no es el apropiado: “Te quiero mucho, pero no me gusta cómo me estás contestando”. También podemos utilizar el humor: “Bueno, bueno, ¡vaya palabritas que estás diciendo!, ¿eres tú el que habla?”

Les explicaremos lo que esperamos de él o ella: “Puedes decir que estás enfadado sin necesidad de contestar así”.

Le daremos un tiempo para pensar: “Reflexiona un poquito antes de seguir diciendo esas cosas”. Si nosotros nos alteramos, es conveniente que también nos tomemos un rato para reflexionar hasta que nos hayamos calmado y recuperemos el control de la situación.

Estableceremos unas normas básicas para solucionar el problema de las malas contestaciones: “Ahora hablemos de lo que ha sucedido hace un rato. ¿Qué se te ocurre para que no vuelva a pasar?”.

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