Niños autistas

Viven en su propio mundo sin interactuar o integrarse a la realidad que viven todos los demás. Muchos incluso son incapaces de mantener contacto visual con sus padres y menos hablar. Se trata de los niños autistas, una condición que aún tiene a los médicos sin pistas.

No se sabe que lo provoca, si es hereditario o corresponde a un problema en el embarazo. Normalmente se diagnostica una vez que el niño tiene dos o tres años, momento en que padres yautismo_nt pediatras se dan cuenta que el pequeño no responde a sus palabras ni presta atención a los estímulos.

Pero que un niño sea autista no es el fin del mundo, ya que con terapia sicológica, de lenguaje, ocupacional y trabajo familiar, los pequeños pueden lograr una serie de avances, que dependiendo de la severidad del problema puede ayudarles a incluso ser funcionales.

El autismo puede presentarse en formas leves, medias o graves. Un niño con autismo leve puede asistir a escuelas normales, con apoyo y ayuda constante. Los niños con grado medio son capaces de superarse bastante en centros de apoyo especialmente creados para chicos con dicha condición, algo más difícil para los casos más fuertes.

En la rehabilitación de un niño autismo participa toda la familia, ya que es allí donde el chico debe aprender sus primeras formas de socialización y con quienes debe interactuar día a día para dar a conocer sus necesidades. Algunos niños aprenden a hablar e incluso sostienen pequeñas conversaciones, mientras que otros utilizan lenguaje de señas.

Lo importante es señalar que no existe un medicamento o vacuna que “enferme” a un niño de autismo, una creencia que lleva a muchos padres a no inmunizar a sus hijos con peligrosas consecuencias.

Tener un hijo autista no es el fin del mundo, ya que con trabajo constante y el amor de sus padres, este niño especial podrá crecer y desarrollar sus capacidades, dando alegrías a sus padres con sus pequeños logros.

Imagen: Filosofía 111

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