Nanas y cuentos

A la hora de dormir, cuando son bebés, a muchas madres nos gusta cantarles a nuestros pequeños para que se duerman en su cuna oyendo la voz de su madre. Hay veces, cuando tenemos más hijos, que los más mayores se acercan incluso porque, si ellos también se han dormido con la voz de su madre, recuerdan esa dulzura que toma la voz cuando les cantamos a nuestros hijos (y que es diferente a cuando hablamos normalmente o cuando cantamos otro tipo de música).

Esos momentos son inolvidables tanto para la madre como para los niños y es una de las situaciones en las que se suele crear un vínculo entre madre e hijo (otro más de las muchas situaciones en las que se pueden crear: dándole el pecho, bañando al bebé,…).

Cuando los niños son más mayores, las nanas no tienen tanta utilidad como el hecho de leerles antes de irse a dormir. Los cuentos, que también nos servirán para fomentar la ilusión por leer ellos mismos las miles de aventuras que pueden encontrarse en ellos, pueden ser leídos o inventados, de cualquier tipo, teniendo en cuenta de que se trata de que duerman, no de ponerlos más activos (así que los cuentos de piratas, de naves espaciales,… tienen que tener una historia, no más aburrida, sino metiendo entre el argumento alguna que otra cama (alguien que cae dormido…) de manera que los propios niños puedan escenificar esas escenas y, como suele ocurrir, alguna que otra vez escenificando se quedarán dormidos.

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