Miedos

El otro día, entreteniendo a los niños para que no se resbalaran en una zona donde habían tenido que fregar el suelo por la comida que habían arrojado al suelo algunos niños, los entretuve a todos, incluyéndome a mí, en la alfombra cantando canciones con ellos y jugando  a distintos juegos para que se divirtieran.

Sin embargo, y no sé cómo, llegó un momento en que comenzamos a hablar sobre los monstruos… Al principio se quedaron todos en silencio y lo utilicé el silencio para crear una historia donde ellos fueran los protagonistas y, al llegar el monstruo, fueran valientes y lo echaran de su habitación para que no los comiera. Al principio todos seguían sin problemas la historia, repitiendo junto a mí las palabras "Monstruo, no me comas" y riéndose porque habían logrado que se fuera el monstruo y ya no les daba tanto miedo como antes.

Pero siempre hay algún niño que esas historias le dan miedo y así fue el caso. Uno de los niños, sin aviso, comenzó a llorar y todos se asustaron porque estaban riendo y hablando animadamente que no se habían percatado de nada. Y es que a ese niño le habían dado miedo los monstruos y decía que uno de ellos iba a venir a por él.

Es difícil consolar a un niño en esas ocasiones porque, aunque le digamos que no va a venir ningún monstruo, no es que se fie mucho de nosotros y eso es porque el miedo lo tienen, quizás infundado o quizás con razón por alguna situación en la que se han vuelto inmersos, pero el caso es que en esos casos hay que intentar que razone que no existe razón por la que estar asustado y que, de un miedo, puede hacerse una situación muy divertida, como la que creamos con los niños en la alfombra, haciendo que el monstruo huyera, se tropezara, rodara escaleras abajo y se diera en la nariz con la cerradura de la puerta.

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