Los terribles dos años

Mi vecino Nicolás desde el día que nació se convirtió en el preferido de todo el barrio. Dulce, simpático y sociable, se ganó el cariño de todo aquel que lo conocía. Hoy, con un año once meses, se ha convertido en una criatura ingobernable, las rabietas han pasado a ser pan de cada día y la manipulación en su arma favorita. ¿Acaso estará entrando en lo que llaman “Los terribles dos años”?

 

Los médicos se refieren a esta edad como el tiempo en que el niño lo quiere todo, y lo quiere en el momento. Ya son seres medianamente independientes. No requieren de asistencia para caminar, alimentarse, y expresarse.  Ya llegó la hora de mostrar que tienen una personalidad propia y vaya que algunos la tienen.

 

A menudo tienden a manifestar sus necesidades de manera agresiva, ya sea a través de golpes y mordeduras. Es misión de los padres enseñarles a ser pacientes y demostrarles que existen distintas maneras de obtener las cosas. Eso si, explicando el porqué no se les permite realizar determinada actividad, ya que si no se hace, sólo se lograra confundir y frustrar más al pequeño.

 

En vez de imponer una determinada conducta, un buen camino sería trabajar junto al niño para lograr cumplir con una acción. Si se quiere que se vista, es bueno dejarle escoger que ropa desea usar. Tampoco es bueno ceder ante sus demandas, caprichos y rabietas. Por ejemplo si el pequeño lanza sus juguetes, se les debe apartar de ellos hasta que acuerde comportarse.

 

A través de simples acciones podemos acompañar y guiar al que hace no mucho tiempo fue nuestro “bebé”, en el camino a convertirse en un niño independiente, consciente de sus acciones y educado. Los terribles dos años pasarán, pero ya vendrán otras etapas del crecimiento por las cuales preocuparnos.

 

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