Los niños y los golpes

Todos los niños tienen que caerse y hacerse daño. Nosotras, como madres, así como los padres, procuramos que esos golpes, caídas,… sean los menos posibles y, en caso de que se produzcan, que no les duela mucho (o al menos no durante mucho tiempo) porque es como si nos hicieran daño a nosotros mismos.

Los niños son muy activos y la coordinación aún no la tienen desarrollada al 100% por lo que, cuando a veces chocan dos niños porque están corriendo, o andando, uno de ellos tiende a caerse debido a esa descoordinación que aún existe. Y eso, muchas veces, es lo que hace que los niños se caigan, con tan mala fortuna, que acaban haciéndose daño.

¿Qué hacer cuando se cae nuestro hijo? Lo primero es no alarmarse. Ya sabemos que se ha caído pero si nos alarmamos, gritamos, nos angustiamos, los niños pensarán que es algo muy grave y tenderán a llorar mucho más y a tenerle miedo a aquello con lo que se han caído. Debemos mantener la calma (algo difícil) y revisar bien al pequeño por si se ha hecho sangre o se ha dado algún golpe que haya roto algún hueso.

En caso de que sangre, intentad limpiar la herida pero si, aún limpiándola, no deja de sangrar, lo mejor es ponerle un trapo en la zona, presionar, e ir directamente a urgencias porque lo más seguro es que tengan que darle algunos puntos de sutura.

También hemos de pensar que los niños son más duros de lo que pensamos. Los vemos tan indefensos, tan desorientados, que confundimos eso con otras cosas. No es que cuando se caígan no se hagan daño, pero ellos también aguantan el dolor muchas veces.

Y siempre es bueno tener un producto para esos golpes que alivia y además previene que se formen moratones en las zonas donde se ha golpeado. Ese producto podemos encontrarlo en farmacias.

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