Los gritos

En alguna ocasión, si tenéis hijos mayores, te puedes haber encontrado con la situación en la que, al no ceder en algo que tu hijo te pide, se ha puesto a gritarte y a llorar para conseguirlo.

Esas situaciones en las que un niño grita a sus padres no deberían darse nunca porque es algo que, a la larga, puede degenerar en otra situación aún más grave. Sabemos que no debemos pegar a nuestro hijo (la ley le ampara en ese sentido) y realmente no es una educación correcta.

Pero también sabemos que intentar razonar en ese estado con él o ella es imposible. ¿Qué hacer entonces? Pues podemos intentar enfrentarnos, pero tranquilos, nada de gritar más fuerte ni de hablar ni nada. Simplemente, cuando nos esté gritando, tenemos que mirarle a los ojos y estar lo más callados posible.

En esa situación el niño se dará cuenta que algo ha cambiado, que hay algo que no "cuadra" porque no te enfadas ni le respondes ni nada.

Es probable también que se vaya pero en ese caso hay que impedírselo. Una "pelea", por así llamarlo, hay que arreglarla enseguida y no dejar que la ira y el no haber conseguido lo que se buscaba reconcoma. Así que una vez que se ha tranquilizado todo es cuando debemos hablar con el niño y explicarle el motivo por el que no le damos lo que pide.

Es posible que vuelva a llorar, a gritar, etc. Si ya se lo habéis explicado lo mejor que habéis podido y aún así no atiende a razones pedidle, si es lo bastante mayor, que haga una lista de ventajas y de inconvenientes para lo que quiere. Si hay más inconvenientes que ventajas entonces no lo conseguirá, y si hay más ventajas, le ayudaréis a conseguirlo (poco a poco).

Si aún es pequeño, lo mejor en esas situaciones intentar distraerlo con otras cosas o dejarlo tranquilo un rato (no demasiado) y después volver a hablar con él.

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