Los bebés y el baño

El baño es una actividad placentera para casi todos los bebés aunque al principio, y para los padres y madres primerizos, puede resultar algo complicado.

El miedo a que el bebé se nos resbale, que trague agua o a que le entre jabón a los ojos puede hacer tediosa esta tarea que con el tiempo se convierte en un placer para todos y todas.

Cuando el bebé es pequeño, debemos sostenerle boca arriba, pasando el antebrazo por debajo de su cabeza. Le sujetaremos con la misma mano por debajo del brazo. De este modo, su cabeza queda apoyada en nuestra muñeca y la espalda en la palma de la mano. Con la mano libre le lavaremos cuidadosamente.                                                                                

Hoy en día existen artilugios para facilitar esta tarea, como por ejemplo las hamacas de baño. El bebé queda tumbado y sujeto, lo que permite que tengamos las dos manos libres para asearle.

Comenzaremos el baño por la cabeza, escurriendo el agua de la esponja sobre el cabello. Después le limpiaremos la cara. Debemos echar una cantidad pequeña de jabón y aclararle de nuevo con la esponja, teniendo cuidado con la zona del cordón umbilical.

Es importante también lavar bien la zona genital.

Al finalizar el baño, envolveremos al bebé con una toalla suave y le secaremos bien dando ligeros toques. Nunca frotando la piel. Deberemos tener especial cuidado en las zonas que tienen pliegues como las piernas o el cuello.

Secaremos con cuidado las orejas, ya que no es recomendable el uso de bastoncillos para los oídos. Una vez bien seco, aplicaremos una loción hidratante ya que la piel del recién nacido tiende a escamarse una vez fuera del útero.

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