Los 11 años son la edad clave para el desarrollo de angustias

Su cuerpo cambia y también su manera de ver las cosas. De pronto se ven muy grandes para las muñecas y autitos, pero demasiado pequeños para las actividades típicas del adolescente. Es pubertaden la llamada “Edad del Pavo,” donde los recién llegados a pubertad experimentan una tormenta mental que puede terminar en casos serios de angustia.

Los padres están igual de confundidos que sus hijos; De un día a otro la niña que tenía a su madre como principal consejera en moda y peinados huye de presencia, lo mismo con el varoncito que hace unos meses nos contaba de su día con lujo de detalles.

Cambios corporales, hormonales y una tormenta cerebral, son el caldo de cultivo ideal que los ex niños desarrollen miedos, fobias y una serie de sensaciones nuevas que llevan, en muchos casos, a niveles de angustia insostenibles que pueden desencadenar un problema que requiere tratamiento médico inmediato.

Los padres deben estar atentos a cada señal que su hijo les da, sobretodo por la falta de comunicación propia de la edad. Un pre adolescente angustiado escapa no sólo de la interacción con los adultos, sino que también con chicos de su edad al sentirse obligado a adoptar una serie de conductas con las que aún no se siente cómodo. Muchas veces inventará excusas para no ir a la escuela o una fiesta de cumpleaños.

Los chicos no sólo se sentirán insatisfechos con su nueva vida, sino que también con ese cuerpo que aún no logran conocer. Es el momento donde el espejo miente y el desarrollo de la autoestima se ve más afectado. Puede ser que nuestra hija o incluso hijo quiera hacer cambios en su alimentación con el objeto de perder peso intentando emular modelos de belleza que no existen.

Aparte de toda la tormenta de emociones que sufre el pre adolescente, se deben sumar los miedos, aprensiones e incertidumbres que pueden ver en sus padres, los que muchas veces no logran lidiar positivamente con los cambios de su hijo. Los chicos, al buscar algún tipo de apoyo en quienes fueron su refugio por más de una década, se encontraran con razones extra que se suman a su angustia resultando en una explosión que puede ir acompañada de ataques de pánico y estados depresivos.

Padre e hijos deben sentarse a conversar sobre lo que les está pasando a ambos, construyendo un nuevo nivel de relación en el que los menores no se sientan asustados o avergonzados de recurrir a sus progenitores con los miedos y preguntas propios de la edad, asegurando que no importa cual sea el error cometido, los adultos estarán allí para apoyarlo y ayudarle en esa difícil edad.

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