Lenguas de trapo

Las primeras palabras de un niño suelen ser celebradas por toda la familia, pero quizás no somos conscientes que aunque la mayoría de las veces se realiza con facilidad, la adquisición del lenguaje consiste en un largo y complejo proceso.

Para comenzar a hablar, además de una madurez psicológica, necesitan una buena audición y una correcta articulación. Al principio, sus órganos fonatorios todavía no tienen la madurez suficiente para que pueda ajustar su pronunciación. Es normal, y no hay que corregirles continuamente ni obsesionarse en convertir cada momento en una sesión de pedagogía. Pero tampoco debemos presentarles un modelo lingüístico pobre o inadecuado, abusando de los diminutivos o repitiendo sus “palabras” o la estructura de sus frases.

Debemos motivarles y ayudarles a entrar en el mundo de las palabras, aprendiendo canciones, escuchando cuentos, hablando sobre las cosas que vemos durante el paseo, y sobre todo, divirtiéndonos juntos. Seguro que surgen además muchas situaciones en las que podemos realizar con ellos juegos divertidos.

Ejercicios de soplo: hacer pompas de jabón, soplar molinillos de viento, sorber una bebida a través de una pajita, soplar barcos de papel en el agua, hinchar globos, lanzar un globo al aire y evitar que caiga al suelo soplando, soplarse el flequillo, soplar sobre la llama de una vela sin apagarla…

Refuerzo de los órganos fonoarticulatorios: hacer muecas frente a un espejo, chuparse el labio superior con el inferior y al revés, sacar y meter la lengua, moverla de forma circular o de un lado a otro, intentar hacer gárgaras…

Ritmo y entonación: modular la voz imitando el tono de personas conocidas o personajes figurados, hablar con distintas intensidades y distinta velocidad, jugar a emitir el mismo mensaje con entonaciones muy diferentes, recitar poemas, interpretar canciones, decir palabras difíciles, aprender trabalenguas…

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