La tensión de los bebés

A menudo, los bebés se deshacen en lágrimas a última hora de la tarde. Y ese llanto que parece inconsolable desespera a más de una madre o padre.

Es duro escucharlo, pero no te sientas culpable por dejar que tu bebé llore al acabar el día. No es que esté sufriendo… solo libera tensiones. Ha vivido una jornada llena de pequeñas incomodidades, mínimas frustraciones, estímulos excitantes… Como es incapaz de liberar todo eso a través de un esfuerzo físico –todavía no puede realizarlo–, su único modo de “sacar fuera” esa tensión es gritando. O, por lo menos, es el único modo que ha encontrado de forma espontánea, aunque hay otros que nosotros podemos sugerirle.

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Es imposible asegurar que vayan a funcionar, porque a veces la única, o la mejor, manera que tienen de hacerlo es llorando. Pero no hay que perder la calma: en cuanto tenga fuerzas suficientes para agitar los brazos, las piernas y el tronco, perderá esa triste costumbre de llorar cada tarde. Su gimnasia cotidiana bastará para canalizar la energía.

Puede que el simple movimiento de las mandíbulas no sea un ejercicio físico suficiente para liberar las tensiones acumuladas pero, en el bebé, la naturaleza ha previsto que la asociación entre el vaivén de las mandíbulas, el avance y retroceso de los labios y la presión de la lengua sobre el paladar provoque una secreción de hormonas, las endorfinas. Estas hormonas tienen propiedades parecidas a las de la morfina: son analgésicas y euforizantes. Si no quieres utilizar chupete –al que no sin razón los estadounidenses llaman “pacificador”–, ofrécele tu dedo meñique hasta que se tranquilice. Un día, pasadas varias semanas, descubrirá su pulgar y ya no necesitará tu ayuda.

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