La primavera la sangre altera

El buen tiempo está a punto de llegar y pasear con el bebé al aire libre le permite disfrutar de todos los beneficios del sol, que tonifica la piel y fortalece los huesos, gracias a la producción de vitamina D.

Además, la naturaleza que florece, los jardines que se llenan de otros niños y niñas y los días que se alargan, ayudan a los pequeños y pequeñas a coger confianza con el mundo exterior, a mejorar la seguridad en sí mismos y a relacionarse con otras personas.

El único problema a tener en cuenta son los cambios de temperatura. En cuanto el sol desaparece, todavía refresca bastante. Según la biometeorología (que estudia los efectos de los agentes atmosféricos en el organismo), niños y niñas son particularmente sensibles a los cambios de temperatura, porque su sistema nervioso tiene menor capacidad de adaptación.

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En estas fechas las temperaturas empiezan a ascender y dudamos si seguir abrigándoles, porque aún no acaba de hacer buen tiempo, o bien en si ponerles ya una ropita algo más ligera. La solución aconsejada por los y las expertas es la "técnica de la cebolla", que consiste en vestirles a capas, para poder ir destapándoles en las horas más cálidas. El riesgo de abrigarle demasiado o demasiado poco es el de que suden inútilmente o, en el peor de los casos, que se constipen.

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