La motivación en los niños

Los adultos acudimos al trabajo estimulados por diferentes motivos, ya sea por la compensación económica o porque simplemente disfrutamos de lo que hacemos. Sea cual sea la razón, hacemos aquello que queremos y que de una u otra forma nos alienta a seguir adelante.

Con el niño ocurre exactamente lo mismo, la única diferencia es que nos tiene a nosotros para motivarles y ayudarles en su crecimiento. Claro que nadie ha dicho que esta es una labor fácil, sobretodo en estos tiempos donde las múltiples tareas nos quitan espacio para estar al tanto del desempeño que tienen día a día.

En primer lugar, no podemos esperar que nuestros hijos siempre lleven promedios excelentes ni que tengan una máxima capacidad de aprendizaje. Es por esto que debemos conocerles muy bien, para así saber hasta donde podemos exigirles y recompensarles en función de sus logros personales. De esta manera, el premio será un reconocimiento al esfuerzo.

Al motivar a un niño estamos desarrollando su seguridad emocional y su autoestima, lo cual le llevará a un buen rendimiento tanto en su casa como en la escuela y a una actitud responsable ante retos que encontrará en su camino.

Por ejemplo, si cuando revisamos las tareas de nuestros hijos, lo único que hacemos es señalarle los errores, posiblemente  poco a poco se cansaran de tratar de hacerlo. En cambio, si vemos un esfuerzo por parte de ellos, independientemente de si consiguen lograrlo o no, debemos motivarles tan solo con un “¡Vas muy bien, ya te falta poco!”.

La motivación es algo que debe empezar desde que el niño esta muy pequeño, por ejemplo, si logra conseguir algo que le costó mucho, le puedes premiar con cualquier tipo de regalo infantil como un juguete, ropa bebés, una muñeca y muchas cosas más que sabes que a tu hijo le gustará. Claro, siempre y cuando sea un regalo bien merecido por el esfuerzo mostrado.

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