La miel puede ser perjudicial para los bebés

El recordado personaje de Disney  Merry Poppins, cantaba que con un poco de azúcar los problemas desaparecerán, pero la muy dulce miel puede producir serios problemas si es consumida por niños menores de un año, ya que se exponen a  una toxina, que, por falta de madurez en sus intestinos, aún no son capaces de digerir.

 

Muchos hemos escuchado de madres que ponen miel en la tetina del biberón de sus hijos para calmarlos, sin saber que en realidad les están exponiendo a un peligro. Al consumirla pueden desarrollar botulismo y si no es tratada en su momento producirá parálisis muscular  y respiratoria, y en casos muy aislados la muerte.

 

El botulismo es causado por la toxina botulínica. La toxina botulínica es la misma utilizada en el popular tratamiento cosmético  a través de botox, que paraliza ciertos músculos para borrar arrugas y líneas de expresión, sólo que en el caso cosmético y al ser aplicada por un especialista, se  selecciona los músculos a paralizar, y la aplicación se realiza cuidadosamente. Si la toxina botulínica entra en contacto con el cuerpo de manera indiscriminada no se puede determinar que músculos va a afectar, por lo que requiere observación y tratamiento adecuado.

 

 Los primeros síntomas son falta de energía, poco apetito, constipación, llanto débil y falta de fuerza muscular. Ante la aparición de cualquiera de estas alertas se debe consultar inmediatamente al pediatra. Recibiendo el tratamiento adecuando a tiempo no debiera quedar ninguna secuela.

 

Es bueno indicar que el consumo de miel no es sinónimo de del desarrollo de esta condición, pero como siempre es mejor prevenir que lamentar, los pediatras no recomiendan introducirla en la dieta del bebé hasta pasado el primer año de edad.

 

Es importante que los padres consulten con su doctor acerca de los alimentos que puede o no consumir el bebé y a partir de que edad se pueden introducir en su dieta. También es primordial descartar cualquier tipo de alergias a determinadas enzimas presentes en algunos alimentos de uso común, como la leche o el trigo.

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