La humillación publica

Nada se obtiene humillando a un niño nervioso, y menos en público. Podemos arruinarle definitivamente su sentimiento de superioridad, que es necesario para su educación. También podemos alienar su cariño ya que no podrá olvidar la humillación.

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Muchas veces obligamos a nuestro hijo a pedirle perdón a un señor con el que no ha tenido cortesía en su llegada a la casa. Sin darnos cuenta  lo ponemos en el lugar del ridículo. Además  pensemos que si el niño se empecina puede salir corriendo y prepararse para una reistencia.

 No siempre pensamos todo esto. Lo correcto y necesario para educar a nuestro hijo, es llevarlo aparte, corregirlo en privado y decirle en voz baja que ha ofendido a alguien. Luego lo dejamos en libertad y podrá reparar el error.

Los niños nerviosos viven con tal intensidad el presente que comprende mejor las razones basadas en la oportunidad inmediata, y en la realidad. Igualmente es difícil que acepte un consejo porque tiene una manera muy particular  de interpretar el presente, siempre lo combina con la emotividad, con la pasión, con reacciones vivas y exageradas.

 

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