La diversión de los niños: juguetes sencillos

Aún  recuerdo el regalo que le hice de pequeño a mi sobrinito, con un año. Se trata de un camión gigante, tan grande como él en esa época. Lo compré sin caja porque no la llevaba (ya sabemos que los juguetes no tienen que comprarse en grandes almacenes ni supermercados, en la tienda de la esquina podemos encontrar a veces los mismos y a precios más económicos) y después llegó la odisea de encontrar una caja para el armatoste que era el camión, cosa que me resultó algo más difícil mismo que encontrar el propio camión.

Cuando por fín doy con una (una caja de un frigorífico y la adecúo al juguete que le había comprado, me encuentro con la sorpresa de que el camión que tanto había querido y por el que hasta había llorado porque no lo tenía y él quería conducirlo no le hacía tanta gracía y prefirió jugar con la caja del camión (se subía encima y nos pedía que le empujásemos para poder hacer como que lo conducía). Ese fue el regalo que más ilusión le hizo, una caja de cartón, simple, y barata.

No hace falta buscar en una jugueteria algo que les haga ilusión, y es que los niños pueden emocionarse con las cosas más sencillas del mundo. Ese día fue una caja de cartón pero pueden ser muchas otras cosas como marionetas hechas con sus calcetines (que se les quedan pequeños) y decorados con piececillas que no nos sirven, o botones de camisas antiguas, hasta una caja de plástico, bien decorada, puede servirles a los niños para cualquier diversión (guardar sus tesoros, utilizar como hucha,…).  Lo único es dejar ese afán consumista que tenemos muchos y dejar de disfruten de las cosas sencillas de la vida.

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