Jugar con muñecos

Cuando mi hijo pequeño iba a nacer, le compré un muñeco al mayor para que practicara con él como si fuera un padre con su hijo. La verdad es que me costó, pero encontré un muñeco de tipo bebé con pene, porque quería que fuera chico, como iba a ser su hermano.

Una vez que nuestro bebé nació, el mayor podía copiar a su padre. Así, cuando mi marido le cambiaba el pañal al bebé, se lo cambiaba al muñeco, si le daba el biberón, él se lo daba al muñeco, etc. Enseguida se metió en el papel e improvisaba: se ponía el muñeco sobre lo hombros para darle un paseo, le reñía, le dormía, lo metía en la bañera…Y de paso podía hacerle las perrerías que en su subconsciente le hubiera querido hacer a su hermano por destronarle.

Me pareció que por una parte le hacía sentirse importante, porque hacía las mismas cosas que su padre y por otra le estaba educando en un modelo de paternidad activa y responsable. La verdad es que duró poco y enseguida volvió al balón, los coches y sus juguetes habituales, pero espero que sirviera de algo, por lo menos para darse cuenta de que lo padres también tienen un papel en la crianza de los hijos.

De algo le debió servir porque un día, con cuatro años, me dijo que él no quería tener novia, sólo quería tener hijos y que buscaría una novia para tenerlos, “después ella encontrará a otro y yo me quedaré en la casa con los hijos”. ¡Ahora tendré que comprarle a Ken y Barbie para enseñarle a vivir en pareja!

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