Infancia y salud mental

En esta sociedad compleja y cambiante es recomendable que los padres se sensibilicen de la necesidad de salvaguardar la salud mental de los hijos. La salud mental, por supuesto, no depende únicamente del ambiente hogareño pero, cuando el clima familiar es sano y las relaciones que se establecen en su seno amorosas, los menores tienen muchas probabilidades de desarrollarse adecuadamente.

El concepto de trastorno psicológico no admite una definición única. A esto ha de agregarse que en el continuum “normalidad-patología” no siempre es fácil precisar dónde se quiebra la salud. A menudo la presencia de un conjunto de síntomas que generan malestar o interfieren en la actividad infantil permite hablar de trastorno mental. La anomalía acontece en el plano cognitivo, emocional, conductual, relacional o social y altera la vida del niño de forma considerable.

El estudio de las causas de los trastornos mentales generalmente permite descubrir una combinación de factores orgánicos, psicológicos y sociales. Hay ocasiones en que predominan las causas biológicas (anomalías genéticas, disfunciones cerebrales, etc.). A veces, en cambio, la clave hay que buscarla en experiencias infantiles traumáticas relacionadas con agresión, desatención, rechazo, etc., cuyo impacto negativo depende en parte de la fortaleza de la personalidad del menor. La debilidad psíquica en los primeros tramos evolutivos puede impedir una asimilación del conflicto, que a su vez acrecienta la vulnerabilidad y dificulta el desarrollo personal.
Un tercer grupo de causas principales de problemas psicopatológicos hay que buscarlo en las experiencias sociales. Es el caso, por ejemplo, de las situaciones familiares presididas por la excesiva rigidez, la mala comunicación, la falta de afecto, la sobreprotección, etc.

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