Ganandose la confianza

Cuando los niños entran por primera vez en las guarderías, hay veces que les cuesta mucho coger confianza con su maestra y demostrarle afecto, o incluso relacionarse con ella o con sus compañeros de clase. Esos niños no es que sufran algún retraso ni por asomo, ni tampoco son raros, simplemente les cuesta más abrirse y, en mi opinión, no se les debería forzar a relacionarse con otros niños o con la maestra porque eso lo que genera es que les coja más odio y genere sentimientos de pegar, cosa que suelen hacer.

Cuando tenemos en clase un niño así lo mejor es ganarse la confianza del mismo. Es una tarea más complicada de lo que parece porque no es como si un día lo fuéramos a dedicar a él o ella en exclusiva, ya que eso no nos serviría de nada. Es intentar hacerle partícipe de las tareas, juegos, charlas,… Siempre se debe dar cuenta de que, aunque no hable o no juegue, nosotros estamos pendientes de él o ella y hacerle comprender que estamos ahí para lo que necesite.

Poco a poco suele ir confiando, quizás acercándonos a nosotros sin decir nada con la boca pero sí con sus ojos. A veces nos pedirá lo mismo que los otros niños, sólo que con los ojos, y llegará un día en que comenzarán a hablarnos y, creedme, ese momento es especial porque ahí tendremos la certeza de que hemos conseguido la confianza del niño y de que ahora sí que su aprendizaje va a ser mucho más rápido, adecuándose al de sus compañeros.

Unos días estaremos mejor porque vemos los avances pero otros lo veremos retroceder; eso es normal y no debemos preocuparnos en demasía salvo que ese comportamiento dure demasiado en el tiempo y nos haga pensar que le ha pasado algo por lo que tendremos que volver a ganarnos su confianza (normalmente esto ocurre cuando vuelven de unas vacaciones largas y el tiempo que han estado con sus madres y padres todos los días le hace más duro la separación los primeros días de clase).

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