Fiebre en los recién nacidos

 

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La pesadilla de toda madre es que su bebé se enferme. Por ello cuando sentimos que nuestro hijo que pocas semanas tiene una temperatura por sobre lo normal, se prende una luz de alarma y tendemos a pensar lo peor.

Los adultos o niños mayores, están acostumbrados a regular su temperatura corporal según las condiciones del ambiente. Los bebés pequeños son todavía inmaduros en ello, ya que recién están conociendo el mundo exterior, y su cuerpo debe acostumbrarse a toda una serie de sensaciones alejadas del calor del vientre materno. También carecen de los mecanismos aislantes del cuerpo para luchar contra las adversidades del clima, como la grasa subcutánea y transpiración.

Pero no por ello debemos dejar de alarmarnos cuando nuestro pequeño presenta síntomas atribuibles a una infección, lo que puede derivar en una enfermedad más seria. Si tú hijo presenta fiebre sobre los 38° Celsius, está irritable, no quiere alimentarse o presenta cambios en la coloración de la piel, debes comunicarte con el pediatra. Él sabrá guiarte. No siempre tienen que presentarse todos los síntomas, muchas veces los bebés no presentan algunos de ellos, lo que no significa que estén sanos

Otro de los factores que puede derivar en un aumento de temperatura en los bebés, es la deshidratación. Si el niño tiene los labios secos o sientes que no consume suficiente leche, debes llevarle al pediatra o centro de emergencia para que le hidraten de forma intravenosa. Esto ocurre sobretodo en las primeras semanas.

Las madres tienden a sobre abrigar a los chicos, o mantener la temperatura de la habitación demasiado alta. El clima ideal para el bebé es entre los 22° y 24°. Tampoco debemos exponerles a luz solar, sea directa e indirectamente. Mucho cuidado en los viajes en auto. Existen en el mercado pantallas protectoras para las ventanas.

Nunca olvides que la fiebre es síntoma de que algo ocurre en el cuerpo de tú hijo. No la dejes pasar en vano. El instinto de madre nunca falla.

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