Evolución de la movilidad del bebé

El progreso de las habilidades motrices no es fortuito; ocurre de forma secuencial y coordinada. Primero se adquieren las funciones más simples y sobre ellas se sustentan las más complejas. Es decir, primero, tiene que adquirir fuerza en su cuello para poder mantener la cabeza erguida y ver a su alrededor. Después, conseguir fuerza y movilidad en la parte superior de su cuerpo para poder levantar con sus brazos el pecho del suelo. 

Más tarde, lograr darse la vuelta y sentarse sin apoyo, para pronto descubrir que sentarse no es suficiente, que quiere alcanzar los objetos de su alrededor. Intentará varias formas de moverse para conseguirlo, girar, reptar, gatear, ponerse de pie agarrándose a la barandilla de su cuna o a algún mueble… Y enseguida conseguirá el equilibrio y la coordinación necesarios para caminar de una forma controlada. Todas las partes de su cuerpo, sus órganos de los sentidos y su sistema nervioso actúan de forma coordinada para avanzar en su autonomía y desarrollo.

Una vez que ha conseguido sentarse sin soporte, un día el niño se inclinará hacia delante y apoyará sus brazos sobre el suelo. Al principio, simplemente se balanceará, pero enseguida comenzará a desplazarse y aprenderá también a volver a sentarse desde la posición de gateo. Se está convirtiendo en todo un experto y quiere investigarlo todo. Hay que ayudarle a que explore, pero de manera segura.

Es muy importante darle la oportunidad de desplazarse cada día por un espacio amplio y exento de peligros y cuya superficie sea dura, lisa y confortable. Permanecer mucho tiempo sentados en el cochecito, en una hamaca o en el andador le retrasará posiblemente la marcha. Es bueno estimularlo para que se desplace y alcance las cosas que desea.

 

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