El sonambulismo

Uno de los grandes temores que tenemos los padres cuando nuestro hijo se queda dormido es que éste sea sonámbulo y, por tanto, que se pase la noche paseándose, que coja frío, o, lo que es peor, que abra la puerta de la calle y se vaya.

El sonambulismo se caracteriza por una secuencia de comportamientos complejos ocurridos durante el sueño, generalmente en el primer tercio de la noche.

Cuando una persona es sonámbula suele realizar movimientos involuntarios como por ejemplo mover las manos como si escribiera algo, o levantar las piernas como si fuera a correr. Los casos más fuertes serían aquellos en los que llega incluso a levantarse y comienza a pasearse. Incluso puede vestirse y abrir las puertas o ventanas creyendo que es otra cosa lo que está haciendo.

Cuando el sonambulismo termina, generalmente el niño se acuesta normalmente, sin saber qué ha hecho ni recordar nada cuando despierta a la mañana siguiente.

Sin embargo, hay otras veces en las que el niño se despierta desorientado e incluso puede sentirse indefenso y comenzar a llorar (ahora búscalo si se ha ido de su habitación).

En cuanto a la duración, un episodio de sonambulismo puede ir desde un minuto hasta más de media hora, y su frecuencia puede ser de hasta varios episodios por semana. El trastorno puede durar varios años sin tener por qué provocar ninguna alteración comportamental durante la vigilia.

Un niño con sonambulismo no es un niño enfermo, ni tiene ningún problema psicológico. Es, simplemente, que nuestro hijo sueña y esos sueños son tan vividos que le hacen pensar que en realidad está despierto y está haciendo todas esas cosas necesarias.

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