El sentido de la vista

Desde el primer día de vida del bebé, sus ojos cumplen una función esencial para su desarrollo físico, mental y emocional porque le ayudan a absorber información — un poco al inicio y mucho más a medida que pasa el tiempo — sobre el mundo que lo rodea.

A diferencia del oído, un sentido totalmente maduro al final del primer mes fuera del útero, el sentido de la vista se desarrolla gradualmente en los siguientes 6 a 8 meses. A partir de entonces, el bebé verá el mundo casi tan bien como las personas adultas.

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Aunque al nacer los ojos del recién nacido tienen la capacidad física para ver sin problemas, su cerebro todavía no está preparado para procesar toda esa información, por eso lo ve todo borroso. Con el desarrollo del cerebro su capacidad de ver mejora, con lo que ello supone de ayuda para comprender y adaptarse al entorno. Al nacer, su visión alcanza sólo hasta el rostro de la madre o del padre cuando lo cogen en brazos, pero su claridad y alcance aumenta progresivamente mes a mes.

Al principio, el bebé no es capaz de enfocar la mirada más allá de 8 a 15 pulgadas (20 a 38 cm aproximadamente), lo suficiente para distinguir la cara de la persona que lo tiene en brazos. Más allá puede detectar luz, formas y movimiento, pero de momento todo lo percibe borroso. Como es lógico a esa edad, ver la cara de su padre o madre le parece lo más fascinante del mundo.

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