El Sarampión

El Sarampión es una de las enfermedades más típicas que los niños pueden pasar y, dentro de lo que cabe, es de las menos graves y más fáciles de sobrellevar.

 El Sarampión es una enfermedad exantemática, es decir, que conlleva que sale por la piel (una de sus características.
 
El Sarampión suele contagiarse por el aire, por el contacto entre los niños que lo tengan o bien lo estén incubando (el periodo de incubación es de aproximadamente 15 días).
 
Al principio suele empezar como su fuera un catarro, una gripe normal con estornudos, conjuntivitis, fotofobia, tos seca y fiebre. Los ganglios del cuello suele inflamarse también (parecido a las paperas) y en las mejillas, por dentro, aparecen puntitos blancos con el borde rojo.
 

A partir del quinto día la fiebre suele aumentar (dependiendo del niño porque si con un catarro se nos pone a 40 de fiebre con el sarampión ya podemos prepararnos para ir a urgencias). Además, es cuando empiezan a salirle los puntos de color rojo por todo el cuerpo (empiezan en el cuello y se expanden por las orejas, frente, cara, brazos, piernas y pecho). Vamos, que parecerá que se ha pintado a lunares.

 Ya hasta que le desaparecen del todo puede transcurrir entre 1 y 2 semanas para que también se reponga por completo. Resta decir que, durante ese tiempo, la mayoría de las guarderías no permiten que el niño vaya, salvo que las madres sí quieran para que contagie a sus hijos (que puede ocurrir el caso de que se celebren fiestas del Sarampión para que se contagien todos y lo pasen de forma natural).
 
Una vez que se pasa el Sarampión no suele volver a pasarse (también podemos vacunarlo para prevenir aunque la verdad es que es mejor que lo pasen porque su inmunidad no será igual).

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