El reflujo gastroesofágico en bebés

El reflujo gastroesofágico (RGE) es, como su propio nombre indica, el retorno del contenido gástrico (estómago) al esófago por diversas causas. Este contenido es habitualmente ácido debido a los jugos gástricos (ácido clorhídrico y pepsina) y al refluido duodenal, por lo que el esófago, como defensa natural, realiza un “barrido” del material refluido hacia el exterior, para evitar los efectos nocivos del ácido sobre las mucosas. Unas veces el reflujo no consigue salir del esófago y provoca ardores o dolor, y otras, el niño logra expulsarlo, bien en pequeñas cantidades y sin esfuerzo (regurgitación) o bien de manera más brusca y activa, con contracción de la musculatura abdominal (vómitos).

Suele suceder tras las tomas, coincidiendo con la expulsión del eructo y a veces se sigue de hipo y se acentúa con los movimientos o cambios de posición (por ejemplo al cambiarle de pañal).

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Durante el primer semestre el EEI del lactante es todavía débil, inmaduro e hipotónico. Esto, junto a unos movimientos del esófago todavía escasos y una lentitud en la evacuación gástrica, conlleva un aumento del volumen gástrico postprandial (después de las tomas) bien por una cantidad excesiva de alimento o de aire. Esta distensión transitoria del estómago hace que dicho esfínter se relaje momentáneamente por un mecanismo reflejo, lo que a veces impide que su cardias cierre completamente y como consecuencia se produce el reflujo.

Por otra parte, la posición horizontal en la que permanece el niño hasta que empieza a sentarse, junto con una alimentación totalmente líquida, pone a prueba este mecanismo de cierre inmaduro. También pueden influir factores emocionales, como la ansiedad materna, el temperamento del lactante y un ambiente estresante.

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