El líquido amniótico

El líquido amniótico es, durante casi todo el embarazo, el medio de vida del bebé. Se forma en la cuarta semana del embarazo cuando el embrión ya ha anidado en las paredes del útero y se empieza a formar la cavidad amniótica.

En el primer trimestre el líquido es un ultrafiltrado del plasma sanguíneo materno, pero a partir de la undécima semana, el bebé también contribuye con su orina. A partir de este momento va aumentando paulatinamente y para la mitad del embarazo, el 90% ya está producido por su riñón.

El feto llena su vejiga cada media hora y la vacía, de este modo renueva el líquido varias veces al día.

Este líquido sirve de protección para el bebé contra los golpes, le mantiene caliente, le ayuda a desarrollar los pulmones e incluso le alimenta, ya que cada traguito que le da le aporta proteínas e iones.

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La cantidad de líquido amniótico que tiene la madre es importante para el desarrollo del bebé, por lo que será estudiado durante la gestación. Su hay mucho, puede determinar un embarazo gemelar, diabetes o malformaciones en el feto.

Por el contrario, si hay poco, puede deberse a una fisura en la bolsa o a un problema renal del bebé. Esto puede provocar infecciones uterinas o que el bebé comprima el cordón umbilical por lo que el parto podría ser adelantado.

Cuando la mujer rompe aguas, es importante fijarse en el color del líquido. Si es amarillo, todo es normal. Pero si tiene un color verdoso, debemos acudir rápidamente al hospital ya que el bebé ha realizado su primera deposición (meconio) y podría correr peligro.

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