El egoísmo en los y las más pequeñas

El niño y la niña es egoísta por naturaleza y no nos debe extrañar o preocupar que quiera lo suyo y lo de los demás, lo que no significa que sea incapaz de aprender a ser generoso.

Los padres y madres debemos ayudarles a superar paulatinamente su egocentrismo para que pueda desarrollar las habilidades sociales que le ayudarán a adaptarse de forma progresiva a la vida en común, tanto de la familia como del centro escolar o su grupo de iguales.

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Reconocer que también existen los demás sin perder la propia identidad es una tarea intelectual que un niño o niña de 2 años todavía no puede entender. Es un aprendizaje lento y progresivo cuyas claves no empezará a descifrar hasta los 6 años. Hasta que no pueda comprender realmente los valores que rigen su sociedad no podrá comportarse de acuerdo a ellos. Pero no es conveniente esperar tanto: hay que procurarle cuanto antes muchos contactos sociales y guiarle para que aprende a convivir y a compartir.

Lo primero es ayudarle a distinguir entre lo suyo y lo que no lo es, marcando, por ejemplo, sus cosas con una señal y haciéndole ver también que hay cosas que son de todos y que hay que cuidarlas y dejarlas en su sitio cuando se terminen de usar.

El siguiente paso sería enseñarle a intercambiar sus juguetes, que acepte prestar la pelota a cambio del cubo y la pala.

Por último, aprenderá a regalar: haciéndole ver que dicha acción hace sentir mejor a los demás, interiorizará la grandeza de ser generoso y, lo más importante, a disfrutar con ello.

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