El educador en el mundo de los pequeños

Muchas veces los niños, cuando llegan a la guardería, temen a los educadores porque los ven tan grandes, comparados con ellos, que reaccionan de forma defensiva y esa actitud se acentúa al ser extraños (sobretodo al principio de curso).

 Existen una serie de particularidades que los educadores utilizamos para facilitar el proceso de integración de los niños que son:
– Diferencia de tamaño. Al principio los niños lo único que ven son piernas y, claro, no es que las piernas sirvan para darles confianza. Por ello, ante los pequeños lo mejor es agacharse para verlos y que ellos te puedan mirar a la cara y así facilitar la comunicación.
– Controla tu expresión corporal. A veces tendemos a hacer gestos con las manos demasiado rápidos que pueden asustar a los niños más cercanos o que nos estén mirando en ese momento. Lo mejor, en presencia de niños, es controlarse un poco para evitar sorpresas o sustos.
– Colocarse siempre en el mismo sitio. Esto ayuda a los niños a sentirse protegidos porque saben que siempre se va a estar pendientes de ellos.
– No centrarse sólo en unos niños. Todos los niños requieren de nuestra atención y tenemos que mostrar la misma indulgencia así como autoridad a todos los niños por igual, hayan cometido fallos o lo hayan hecho bien.
– Atender a los niños individualmente. Eso les hace sentirse queridos y atendidos (por ejemplo, llamarlos en voz alta, hacer mención de algo que nos contaron,…).
 
Con todo esto los educadores logramos que los niños se integren y los educadores y los niños se relacionen entre sí de forma cordial.

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