El bosque, con los cinco sentidos

El medio ambiente es un lugar excepcional para que los niños y las desarrollen sus sentidos, respiren aire fresco y realicen actividades que, en un día normal, no podrían hacer. Ahora en otoño, un paseo por el monte o por el bosque puede despertar su curiosidad y enseñarles a ver, sentir y respetar la naturaleza.

Cuando más lo podrán disfrutar los y las pequeñas es a partir de los dos años y medio, cuando ya son conscientes y participan de su alrededor.

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En primer lugar podremos escuchar. La naturaleza está llena de sonidos, muchos nuevos para los niños y las niñas: las hojas de un árbol moviéndose, el canto de los pájaros… Durante la excusión nos detendremos y permaneceremos en silencio escuchando. Después, le pediremos que nos cuente qué ha escuchado.

La vista es otro de los sentidos fundamentales. Le pediremos que observe cuáles son los colores predominantes de la naturaleza en esa estación. También podremos observar las formas de las hojas, de las piedras, de los árboles…

Con el tacto nos acercaremos más a la naturaleza. Mientras caminamos, podemos pedir a los niños y niñas que vayan describiendo las sensaciones que les provoca tocar las cosas: la corteza rugosa de los árboles, la suave hierba…

Con el olfato podremos distinguir olores diferentes como la hierba mojada, una zona de eucaliptos…Cada estación tiene un olor muy diferente.

Por último, podemos desarrollar el gusto, aunque tomando precauciones. De pendiendo la época, podemos recoger castañas, moras, arándanos, setas y después ir probando sus sabores.

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