Dulces, con moderación

La variedad de dulces, bollos y galletas es casi infinita. Algunos son muy perecederos y otros muy duraderos; algunos tienen una calidad nutritiva interesante y otros, dudosa…

Tradicionalmente, tomamos fruta de postre y bocadillo de merienda. Esto explica que el consumo de bollos y galletas sea bastante moderado si lo comparamos, por ejemplo, con el de los países anglosajones. Sin embargo, cada vez es más frecuente que los dulces y los productos de bollería se introduzcan en nuestra dieta como tentempiés de media mañana y meriendas, sobre todo en el caso de niños, niñas y adolescentes.

A la hora de comprarlos, no hay que dejarse impresionar por los productos “sin colesterol”, pues aunque no tengan trazas de esta sustancia, es su proporción de ácidos grasos la que puede alterar nuestro nivel de colesterol en sangre. No hay que desconfiar por sistema de las grasas animales, como la mantequilla, pues muchas grasas vegetales empleadas en la bollería industrial son menos recomendables que aquellas.

El auténtico chocolate se elabora con manteca de cacao, una grasa que se funde a temperaturas de entre 28 y 36 oC, lo que explica la rapidez y suavidad con que se derrite en la boca. La ley obliga a que las coberturas “de chocolate” lleven como mínimo un 31% de manteca de cacao, para poder denominarse así.

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