Desarrolla su inteligencia

El término inteligencia se ha venido utilizando como expresión de la capacidad de abstracción, aprendizaje y adaptación a nuevas situaciones, que permite la adquisición de la habilidad para juzgar, comprender y razonar.

En los primeros meses de vida la conducta genética es la predominante, y el niño establece una relación con el entorno a través de sus padres que instintivamente le proporcionan los estímulos iniciales esenciales para los aprendizajes especializados de los distintos circuitos funcionales.

De esta manera, las primeras experiencias cognitivas se limitan a sensaciones de placer o displacer, gratificación o frustración, pero ya desde el primer mes de vida, es capaz de organizar de manera elemental su espacio al percibir visualmente aferencias del exterior a través de la información que le proporcionan los órganos de los sentidos (visión, tacto y audición principalmente, pero también el olor y el gusto), y los padres son los responsables de que estos estímulos lleguen adecuadamente en esta etapa precoz de la percepción del mundo externo en diversas situaciones, como por ejemplo, en las distintas posturas que al manipularle le permiten adoptar en el espacio.

Estas experiencias precoces permiten estimular el fenómeno de la atención, al paso que, a través de los mecanismos primitivos de la memoria, proceder a crear engramas cerebrales (registros o impresiones estructurales que dejan las experiencias en las neuronas) para su nueva utilización y perfeccionamiento. En esta etapa precoz, en el segundo trimestre de vida, el niño ya es capaz de abstraer.

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