Deficiencia auditiva

La llegada al seno familiar de un hijo o hija con trastorno auditivo total o parcial suele producir una gran conmoción y preocupación en los padres y madres.

Una vez detectado el problema serán los y las profesionales quienes deberán tratar al o la menor e informar a los padres y madres. En algunos casos, la intervención de un o una psicóloga puede ser muy importante para asimilar el problema y para aprender a convivir con él.

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Debemos aceptar que un niño o niña con deficiencia auditiva tiene una desventaja frente al resto pero también que si es estimulado o estimulada adecuadamente puede llevar una vida normalizada. Ahí es fundamental el papel de los padres y madres.

La deficiencia auditiva puede ser de diferentes tipos, pero en cualquiera de sus manifestaciones, los primeros años de vida son decisivos para un diagnóstico precoz y un tratamiento adecuado. Los y las profesionales determinarán el uso de la estimulación temprana, la utilización de audífonos, la reeducación y posibles tratamientos médico-quirúrgicos.

También es importante que los padres y madres eviten las conductas de sobreprotección o de rechazo. Estas actitudes pueden hacer al niño o la niña vulnerables e inseguros de ellos y ellas mismas. Generalmente, cuando mayor es el grado de sordera, mayores son los trastornos de personalidad y de desarrollo afectivo. Por eso, dentro de las posibilidades, se debe actuar con la mayor normalidad posible, intentando desarrollar todas sus capacidades.

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